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EDUCOMUNICATE SMM, Medellín

lunes, 6 de mayo de 2013

PONENCIA: ANTROPOLOGÍA DE LA AFECTIVIDAD Y DE LA SEXUALIDAD DE LA PERSONA JOVEN

Compartamos esta temática con los jóvenes, nos ayuda a entender sus comportamientos y a darles respuestas de "Acompañamiento Espiritual" desde la óptica del Sistema Preventivo.

lunes, 29 de abril de 2013

sábado, 27 de abril de 2013


¿Cuáles son los criterios que definen un ambiente salesiano?


  SISTEMA PREVENTIVO: PEDAGOGÍA DEL AMBIENTE Y EDUCAR EN POSITIVO

 Edmond Husserl, el filósofo alemán fundador de la fenomenología, dice que la crisis de la humanidad actual se origina en el olvido de “el mundo de la vida”.

PEDAGOGÍA DEL AMBIENTE  
La finalidad educativa que caracteriza un ambiente salesiano lo convierte en espacio organizado y rico de propuestas para hacer crecer la vida y la esperanza en los jóvenes. El ambiente se sitúa como mediación entre los valores inspirados en el evangelio y el con texto sociocultural y se presenta como el lugar donde es posible experimentar relaciones ricas de valores caracterizados por la confianza y el diálogo. 
Cada ambiente se ha de caracterizar por la calidad de su propuesta, por la flexibilidad con que afronta los retos formativos emergentes y por la capacidad de leer las demandas educativas de los jóvenes.
El ambiente educativo es un espacio donde los jóvenes proyectan la vida, experimentan la con fianza y hacen experiencia de grupo. Un lugar donde la educación personalizada va a la par con  la del ambiente y donde la alegría, fruto de la valoración positiva de la existencia, constituye la atmósfera de fondo de la familiaridad entre jóvenes y adultos. En el estilo salesiano la educación es sobre todo obra de una pedagogía de ambiente, camino privilegiado para la formación en la responsabilidad social.
El ambiente salesiano se distingue por una espiritualidad que penetra en la vida de jóvenes y adultos y se caracteriza por la fe en Dios, cree en la fuerza transformadora de los sacramentos, los  traduce en un  día a día vivido con optimismo y alegría, confiando en que dios actúa continuamente en la historia.
Criterios que definen un ambiente salesiano
1.       Confianza en los jóvenes. Tal actitud se inspira en don Bosco según el cual en cada persona, cualquiera que sea su situación existencial, hay un puesto accesible al bien. La confianza en la realidad juvenil, por consiguiente, es criterio fundamental con el que están llamadas a confrontarse  las personas , las comunidades y los ambientes educativos que quiere ser fieles al carisma salesiano.
2.       Opción preferencial por los jóvenes pobres. La exigencia de favorecer el acceso a la educación sobre todo de los jóvenes que se encuentran en más riesgo, es un compromiso que lleva a evitar toda forma de exclusión y de   asistencialismo, conscientes de que los ambientes salesianos interpelan al protagonismo de las personas y contribuyen a transformar el lugar donde están insertos partiendo de los pequeños y de los pobres que están en el centro de todo proyecto educativo                                         
3.       Espíritu de familia. El estilo salesiano presupone un ambiente de participación, de compartir valores, de paciente espera de los ritmos de crecimiento personal de respetuoso diálogo con quien es portador de otra tradición cultural y religiosa. En la comunidad, las relaciones se establecen según el “espíritu de familia” que elimina distancias, favorece la comunicación, acerca a las generaciones y crea un clima de confianza donde las personas pueden crecer en libertad y colaborar entre ellas en reciprocidad.
4.       Pasión educativa. Los educadores cultivan cualidades humanas que favorecen la misión que se les ha confiado, como la libertad, la capacidad de equilibrio humano, la recta motivación personal, la consistencia afectiva, espiritual, ascética y psicológica y la apertura a las relaciones con dios, con los hermanos. Por esto además de la profesionalidad deben poseer alegría y pasión  por la educación que los empuja a estar continuamente en medio de los jóvenes con una benevolencia que manifiesta el amor con que Dios mismo los ama.
5.       La asistencia-presencia que don Bosco recomendó y que Madre Mazzarello vivió y enseñó a las educadoras es exigencia imprescindible en la comunidad educativa. La fidelidad a este principio pedagógico expresa confianza y amor, abre al diálogo a todos los niveles, lleva a la inserción en la iglesia local y en la zona, es testimonio de una gozosa respuesta vocacional en la perspectiva de la santidad.
6.       Valor educativo del grupo. En la praxis educativa salesiana el grupo es una opción metodológica irrenunciable porque es respuesta a las necesidades y exigencias de la edad juvenil. A la necesidad de pertenecer y de ser aceptados, el grupo responde con relaciones interpersonales a la necesidad de construir la propia identidad, el grupo ofrece experiencias que promueven la responsabilidad, la iniciativa, la creatividad y el trabajar juntos.
7.       Apertura al con texto eclesial y social. Cuidar las relaciones con el propio contexto expresa la atención a las culturas locales y el diálogo abierto a fin de realizar un proceso fecundo de interculturalidad y de inserción activa de los jóvenes en el ambiente que los rodea.

La experiencia salesiana
Las palabras de don Bosco resuenan con especial actualidad: “El estar muchos juntos, aumenta la alegría, anima para aguantar las fatigas… y sirve de estímulo ver el aprovechamiento de los demás: uno comunica a otro los propios conocimientos las propias ideas, y de este modo uno aprende del otro. El vivir entre muchos que practican el bien nos estimula  sin apenas darnos cuenta”. Esta sinergia resulta favorecida por la complementariedad de las funciones y de las competencias, por la acogida cordial, por la familiaridad de las relaciones, por la confinza recíproca, por la capacidad de colaborar, por la paciencia y por el perdón, por el continuo tender al a mor en el optimismo y en la alegría.

La cultura escolar
El término cultura tiene muchas acepciones. “El conjunto de rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social” (UNESCO 1982).
A medida que las personas crecen e interactúan con la cultura en sus diversas manifestaciones, se construyen significados, sentidos imaginarios de felicidad compartida y en el marco de los cuales se pueden vivir procesos de negociación de diferencias. Esto implica crear espacios para el reconocimiento de múltiples identidades y por lo tanto de diferencias.
Convertir el centro educativo en un espacio creador de cultura significa comprometerse a reconocer que el modo de ver las cosas, de interpretar el mundo – se trate de educadores o estudiantes – no es único, ni el mejor, sino simplemente diferente.
La educación salesiana, por tanto,  es fruto de una cultura escolar que elimina las distancias, favorece la comunicación, acerca las generaciones y permite a las personas crecer en libertad y reciprocidad.
Las comunidades educativas deben llegar a ser alternativa a un sistema social basado en la competitividad. Es aquí donde madura el ethos colectivo, la espiritualidad de comunión y aquel conjunto de valores compartidos que garantizan una convivencia de calidad.
Don Bosco ha querido sus obras como comunidades donde se respira la paz, la atmósfera de diálogo y entendimiento a todo nivel. Ha deseado que cada mañana se rece por la “paz en casa” convencido de que en la educación es necesario cuidar el clima que se respira para formar buen os cristianos y honestos ciudadanos.

“Cultura del corazón”.
En una época de gran incertidumbre respecto a los valores y de pérdida de puntos seguros de referencia, según algunos pedagogos, por ejemplo Brezinka, la realización de una “cultura del corazón” se presenta como uno de los paradigmas fundamentales de la educación actual. Sobre todo hacen parte de tal cultura del corazón o de la “amorevolezza” actitudes como la sensibilidad por cuanto hay de bueno y de bello en el mundo, la capacidad de concentración interior sobre lo esencial (de contemplación o meditación), la apertura hacia nuestros semejantes, el tacto, la gentileza, la gratitud, la tranquilidad, la disposición para dar alegría a los demás y para mitigar sus dolores. Lo opuesto de tal cultura, anota el pedagogo alemán, halla sus expresiones más explícitas en el empobrecimiento de los sentimientos, en la frialdad afectiva, en la incapacidad de amar, en el desinterés por el prójimo, en la falta de respeto y de cordialidad.
La actitud de “amorevolezza”, de acogida, de cuidado atento – según Alejandro Llano es una riqueza antropológica incomparablemente mayor que la eficiencia  y el filósofo español la consideran como uno de los valores en ascenso en la sociedad posmoderna.


EDUCAR EN POSITIVO

Desde la antropología
En opinión de sociólogos e intelectuales, el giro antropológico es el mayor fundamento del cambio de época que estamos viviendo. Rescatar al hombre, su derecho a vivir, su dignidad, vocación a la verdad, a la libertad, a la felicidad. Pasar del concepto “hombre” al “hombre en situación”. Ser histórico, inacabado, proyecto en construcción, que  prevé y modifica el futuro. Artífice de sí mismo, no juguete en manos de un destino ciego.
 La antropología contemporánea, al igual que las otras ciencias asume el cambio cultural de la época y de un enfoque androcéntrico pasa a un enfoque humanocéntrico. En él, el hombre y la mujer se reconocen como centro de la historia, de ahí que de la reducción o prevalencia de categorías masculinas en el género, hemos pasado al uso del género femenino en el discurso,  de un carácter dualista se pasa a uno unitario, por el que se reafirma la unidad profunda del ser humano, de una visión idealista, se  pasa a una realista por lo que se valoriza lo histórico, lo contingente, lo provisional,  de una consideración unidimensional se pasa a una pluralista, por lo que se consideran las diferentes dimensiones de lo humano desde la perspectiva de su evolución histórica influenciada por innumerables factores.
En este contexto no se considera la persona como un ser acabado, que se puede definir de una vez para siempre, sino como proyecto que se construye, un ser complejo que no se agota en ninguna definición, en ninguna de sus dimensiones o facetas, es racional, capaz de autoposesión, de autodeterminación, de imprimir direccionalidad a la propia vida. Es esta una visión personalista, innovadora, secular, orientada al progreso.
En el marco de una antropología de la reciprocidad, aparece la persona contemporáneamente como un ser “con” el otro, un ser “para” otro, un ser “gracias” al otro. Y es aquí donde encontramos el lugar más auténtico para fundamentar la relación educativa. La reciprocidad implica un descentrarse, un ponerse de la parte del otro, actitud antropológica que tiene sus raíces en la teología de la kenosis, de la Encarnación.
Las personas, hombres y mujeres,  no están hechas para vivir aislados, solitarios, son en relación. Al formar comunidad se supera la soledad radical del ser humano. Este se convierte en persona cuando se trasciende a sí mismo, cuando se encuentra, como dice el filósofo católico Gabriel Marcel,  con un tú que me llama y que al hacerme responder me ayuda a descubrir mi yo. Sólo en el amor recibido y en el amor que se ofrece, la existencia humana se afirma y cobra sentido. Si se vive un amor auténtico a los otros se está en el camino de la realización personal, pues ésta pasa por el descubrimiento de la vida como don de sí en servicio, justicia y respeto a los otros que son diferentes.

Don Bosco
Don Bosco es un educador, no un teórico de la educación. Con fina intuición pensaba: si los chicos encuentran un lugar, una escuela donde pasarla bien, si hay con tacto personal y afecto, si los valores de tradición se respiran en el ambiente, si los educadores son modelos y los chicos protagonistas… el joven empezará a crecer desde dentro.
Él llegó a esta certeza a través del mundo juvenil, del conocimiento profundo de sus necesidades. Optó por los jóvenes no sólo porque eran pobres y estaban abandonados, sino porque intuyó y valoró la riqueza de su corazón, portador de nuevos valores.
Esos muchachos de su oratorio no tenían un  presente distinto a la lucha por la supervivencia y esto en el más ínfimo grado. No tenían futuro. Eran una masa anónima que vagaba por las calles sin más pertenencia que a la calle misma.
El Oratorio es el ambiente opuesto, sostenido por la fe de don Bosco en la potencialidad de sus muchachos. Su bondad, su actitud paternal, su dedicación interpelaba la identidad perdida, sacaba a flote, tímidamente su propio yo. Allí se daba prioridad a la dimensión personal. El ambiente juvenil del Oratorio no es una masa, sino una familia en la que cada uno es reconocido, querido, hecho responsable. No era cuestión de disciplina sino cuestión del corazón. Los quería libres, espontáneos, auténticos, no sometidos. Lograba convencerlos que fueran dóciles. No le habrían dado un disgusto por todo el oro del mundo, porque lo pedía, él y lo pedía de esa manera. Aquí cabe uno de sus principios: Fortiter in re, suavitur in modus. (Sólido en los principios, suave en las maneras).
El proyecto de don Bosco utiliza la pedagogía de la motivación, de la persuasión que con duce a la creación de convicciones de modo que el joven descubre sus riquezas interiores y crece desde dentro.
Introyecta la norma (que esconde el valor) porque vive experiencias positivas que le hacen atractivo el bien, le producen sentido. Es el clima, el ambiente, la cultura escolar la que le ofrece al joven los valores que él va asumiendo casi sin darse cuenta.
La visión de fe abrió a don Bosco a la esperanza, al optimismo, a la convicción de que dios llama a cada hombre a la vida, a la felicidad aquí y más allá. De ahí que se preocupara por crear un ambiente de alegría, de convicciones sobre la posibilidad del éxito.
La finalidad que le legitima todo el proceso educativo es propiciar el encuentro de los jóvenes con Dios, no sólo a través de lo ritual o específicamente religioso, sino de las clases, del patio y en general de lo cotidiano de la vida. Su dios es un dios cercano, no el ser superior de los filósofos sino el Dios de la Biblia, histórico, que se hace  encontrar.

Educación y comunicación
Don Bosco es un educador nato. Su sonrisa amable, su  mirada escrutadora y atenta, su “palabrita al oído” abren prontamente a la confianza. Y sin confianza no hay educación, hay sometimiento. Según Habermas, el único poder por naturaleza no coactivo para el hombre es el lenguaje, la palabra. Don Bosco es  un ser optimista, enamorado de la vida, con fe en los jóvenes y en su educabilidad. Le hace publicidad al bien, no acentúa el mal, destaca las experiencias positivas, la belleza, la bondad, la honestidad, la alegría y sobre todo lo que es rico en valores, todo lo que suscite en la persona la voluntad de ser protagonista de su propia educación. No es coherente con este estilo un enfoque directivo de intervención. Aquí prima el acompañamiento, es decir, la presencia simpática del educador que es portadora de propuestas, rica en iniciativas, también preventiva, que no olvida “el mundo de la vida” husserliano, ni la comunidad de sentido, no sólo en el plano de los saberes sino también en el de los sentimientos y de la relación yo-tú que hace sentir  interlocutores y por ende responsables de la tarea personal y social.

Preventividad
Don Bosco habla de preventividad. Y en la sociocultura actual este concepto es de muchos, y desde los más variados frentes es invocado como camino imprescindible para la humanización de la cultura.
Don Bosco entiende la preventividad no sólo como impedir el mal, informar, advertir, sino como el arte de educar en positivo, proponiendo el bien en vivencias adecuadas y envolventes, capaces de atraer por su nobleza y hermosura, el arte de hacer que las personas crezcan apoyándose en su libertad interior, venciendo condicionamientos y formalismos exteriores, de modo que caminen en la legalidad, con alegría y satisfacción hacia el bien, corrigiendo desviaciones y preparando el mañana por medio de una sólida formación de su carácter.
Prevenir es anticiparse a la pobreza, a la marginación, al abuso, a la violencia y por lo tan to  es promover la vida, la libertad, la responsabilidad, la paz. Es acentuar el protagonismo, la relación entre regeneración de la persona y regeneración de la sociedad, entre salvación religiosa y promoción humana. Lejos de ser un servicio asistencial y protector, la preventividad es promoción y capacitación para ejercer las propias responsabilidades (hoy diríamos empowerment), un clima de valores con un enfoque ciudadano que mira al futuro de la sociedad. Supera pues una visión de preventividad coercitiva y proteccionista.

Sor Paula Elena Quintero

viernes, 5 de abril de 2013

CULTURAS JUVENILES EN CONTEXTOS GLOBALES

Los invitamos a la lectura sobre "Las culturas juveniles en Contextos globales" del autor Pablo Zebadúa.
¿Qué elementos de juicio adquieres y cuál es tu propia lectura?