SALUDO!!
Bienvenidos a nuestro blog, te invitamos a hacer parte de este proyecto y así, compartir con las diversas comunidades educativas de la Provincia Sta María Mazzarello, las experiencias educomunicativas que a diario vivimos en nuestra vida salesiana.
Anímate a participar enviando noticias, experiencias, proyectos, videos, fotografías o cualquier otra iniciativa que quieras compartir con toda la provincia.
Nuestro correo es glanayi@hotmail.com.
... Esperamos disfruten de éste, nuestro blog
EDUCOMUNICATE SMM, Medellín
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martes, 7 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
PONENCIA: ANTROPOLOGÍA DE LA AFECTIVIDAD Y DE LA SEXUALIDAD DE LA PERSONA JOVEN
Compartamos esta temática con los jóvenes, nos ayuda a entender sus comportamientos y a darles respuestas de "Acompañamiento Espiritual" desde la óptica del Sistema Preventivo.
viernes, 3 de mayo de 2013
NUEVAS COMPRENSIONES JUVENILES
El investigador Jesús Martín Barbero nos da pistas para trabajar con los jóvenes
lunes, 29 de abril de 2013
ESCENARIOS Y TRIBUS URBANAS
¿Qué cuestionamientos suscita la lectura para nuestro trabajo con los jóvenes?
sábado, 27 de abril de 2013
¿Cuáles son los criterios que definen un ambiente salesiano?
SISTEMA PREVENTIVO: PEDAGOGÍA DEL AMBIENTE Y EDUCAR EN POSITIVO
Edmond Husserl, el filósofo
alemán fundador de la fenomenología, dice que la crisis de la humanidad actual
se origina en el olvido de “el mundo de la vida”.
PEDAGOGÍA DEL AMBIENTE
La finalidad
educativa que caracteriza un ambiente salesiano lo convierte en espacio
organizado y rico de propuestas para hacer crecer la vida y la esperanza en los
jóvenes. El ambiente se sitúa como mediación entre los valores inspirados en el
evangelio y el con texto sociocultural y se presenta como el lugar donde es
posible experimentar relaciones ricas de valores caracterizados por la
confianza y el diálogo.
Cada ambiente se ha
de caracterizar por la calidad de su propuesta, por la flexibilidad con que afronta
los retos formativos emergentes y por la capacidad de leer las demandas
educativas de los jóvenes.
El ambiente
educativo es un espacio donde los jóvenes proyectan la vida, experimentan la
con fianza y hacen experiencia de grupo. Un lugar donde la educación
personalizada va a la par con la del
ambiente y donde la alegría, fruto de la valoración positiva de la existencia,
constituye la atmósfera de fondo de la familiaridad entre jóvenes y adultos. En
el estilo salesiano la educación es sobre todo obra de una pedagogía de
ambiente, camino privilegiado para la formación en la responsabilidad social.
El ambiente
salesiano se distingue por una espiritualidad que penetra en la vida de jóvenes
y adultos y se caracteriza por la fe en Dios, cree en la fuerza transformadora
de los sacramentos, los traduce en
un día a día vivido con optimismo y
alegría, confiando en que dios actúa continuamente en la historia.
Criterios que definen un ambiente salesiano
1. Confianza en los jóvenes. Tal actitud se inspira en don Bosco según el
cual en cada persona, cualquiera que sea su situación existencial, hay un
puesto accesible al bien. La confianza en la realidad juvenil, por
consiguiente, es criterio fundamental con el que están llamadas a
confrontarse las personas , las comunidades
y los ambientes educativos que quiere ser fieles al carisma salesiano.
2. Opción preferencial por los jóvenes pobres. La exigencia de favorecer
el acceso a la educación sobre todo de los jóvenes que se encuentran en más
riesgo, es un compromiso que lleva a evitar toda forma de exclusión y de asistencialismo, conscientes de que los
ambientes salesianos interpelan al protagonismo de las personas y contribuyen a
transformar el lugar donde están insertos partiendo de los pequeños y de los
pobres que están en el centro de todo proyecto educativo
3. Espíritu de familia. El estilo salesiano presupone un ambiente de
participación, de compartir valores, de paciente espera de los ritmos de
crecimiento personal de respetuoso diálogo con quien es portador de otra
tradición cultural y religiosa. En la comunidad, las relaciones se establecen
según el “espíritu de familia” que elimina distancias, favorece la
comunicación, acerca a las generaciones y crea un clima de confianza donde las
personas pueden crecer en libertad y colaborar entre ellas en reciprocidad.
4. Pasión educativa. Los educadores cultivan cualidades humanas que
favorecen la misión que se les ha confiado, como la libertad, la capacidad de
equilibrio humano, la recta motivación personal, la consistencia afectiva,
espiritual, ascética y psicológica y la apertura a las relaciones con dios, con
los hermanos. Por esto además de la profesionalidad deben poseer alegría y
pasión por la educación que los empuja a
estar continuamente en medio de los jóvenes con una benevolencia que manifiesta
el amor con que Dios mismo los ama.
5. La asistencia-presencia que don Bosco recomendó y que Madre Mazzarello
vivió y enseñó a las educadoras es exigencia imprescindible en la comunidad
educativa. La fidelidad a este principio pedagógico expresa confianza y amor,
abre al diálogo a todos los niveles, lleva a la inserción en la iglesia local y
en la zona, es testimonio de una gozosa respuesta vocacional en la perspectiva
de la santidad.
6. Valor educativo del grupo. En la praxis educativa salesiana el grupo es
una opción metodológica irrenunciable porque es respuesta a las necesidades y
exigencias de la edad juvenil. A la necesidad de pertenecer y de ser aceptados,
el grupo responde con relaciones interpersonales a la necesidad de construir la
propia identidad, el grupo ofrece experiencias que promueven la
responsabilidad, la iniciativa, la creatividad y el trabajar juntos.
7. Apertura al con texto eclesial y social. Cuidar las relaciones con el
propio contexto expresa la atención a las culturas locales y el diálogo abierto
a fin de realizar un proceso fecundo de interculturalidad y de inserción activa
de los jóvenes en el ambiente que los rodea.
La experiencia salesiana
Las
palabras de don Bosco resuenan con especial actualidad: “El estar muchos
juntos, aumenta la alegría, anima para aguantar las fatigas… y sirve de
estímulo ver el aprovechamiento de los demás: uno comunica a otro los propios
conocimientos las propias ideas, y de este modo uno aprende del otro. El vivir
entre muchos que practican el bien nos estimula
sin apenas darnos cuenta”. Esta sinergia resulta favorecida por la
complementariedad de las funciones y de las competencias, por la acogida
cordial, por la familiaridad de las relaciones, por la confinza recíproca, por
la capacidad de colaborar, por la paciencia y por el perdón, por el continuo
tender al a mor en el optimismo y en la alegría.
La cultura escolar
El
término cultura tiene muchas acepciones. “El conjunto de rasgos distintivos espirituales
y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un
grupo social” (UNESCO 1982).
A
medida que las personas crecen e interactúan con la cultura en sus diversas
manifestaciones, se construyen significados, sentidos imaginarios de felicidad
compartida y en el marco de los cuales se pueden vivir procesos de negociación
de diferencias. Esto implica crear espacios para el reconocimiento de múltiples
identidades y por lo tanto de diferencias.
Convertir
el centro educativo en un espacio creador de cultura significa comprometerse a
reconocer que el modo de ver las cosas, de interpretar el mundo – se trate de
educadores o estudiantes – no es único, ni el mejor, sino simplemente
diferente.
La
educación salesiana, por tanto, es fruto
de una cultura escolar que elimina las distancias, favorece la comunicación,
acerca las generaciones y permite a las personas crecer en libertad y reciprocidad.
Las
comunidades educativas deben llegar a ser alternativa a un sistema social
basado en la competitividad. Es aquí donde madura el ethos colectivo, la
espiritualidad de comunión y aquel conjunto de valores compartidos que
garantizan una convivencia de calidad.
Don
Bosco ha querido sus obras como comunidades donde se respira la paz, la
atmósfera de diálogo y entendimiento a todo nivel. Ha deseado que cada mañana
se rece por la “paz en casa” convencido de que en la educación es necesario
cuidar el clima que se respira para formar buen os cristianos y honestos
ciudadanos.
“Cultura del corazón”.
En
una época de gran incertidumbre respecto a los valores y de pérdida de puntos
seguros de referencia, según algunos pedagogos, por ejemplo Brezinka, la realización
de una “cultura del corazón” se presenta como uno de los paradigmas
fundamentales de la educación actual. Sobre todo hacen parte de tal cultura del
corazón o de la “amorevolezza” actitudes como la sensibilidad por cuanto hay de
bueno y de bello en el mundo, la capacidad de concentración interior sobre lo
esencial (de contemplación o meditación), la apertura hacia nuestros
semejantes, el tacto, la gentileza, la gratitud, la tranquilidad, la
disposición para dar alegría a los demás y para mitigar sus dolores. Lo opuesto
de tal cultura, anota el pedagogo alemán, halla sus expresiones más explícitas
en el empobrecimiento de los sentimientos, en la frialdad afectiva, en la
incapacidad de amar, en el desinterés por el prójimo, en la falta de respeto y de
cordialidad.
La
actitud de “amorevolezza”, de acogida, de cuidado atento – según Alejandro
Llano es una riqueza antropológica incomparablemente mayor que la
eficiencia y el filósofo español la
consideran como uno de los valores en ascenso en la sociedad posmoderna.
EDUCAR EN POSITIVO
Desde la antropología
En
opinión de sociólogos e intelectuales, el giro antropológico es el mayor
fundamento del cambio de época que estamos viviendo. Rescatar al hombre, su
derecho a vivir, su dignidad, vocación a la verdad, a la libertad, a la
felicidad. Pasar del concepto “hombre” al “hombre en situación”. Ser histórico,
inacabado, proyecto en construcción, que prevé y modifica el futuro. Artífice de sí
mismo, no juguete en manos de un destino ciego.
La antropología contemporánea, al igual que
las otras ciencias asume el cambio cultural de la época y de un enfoque
androcéntrico pasa a un enfoque humanocéntrico. En él, el hombre y la mujer se
reconocen como centro de la historia, de ahí que de la reducción o prevalencia
de categorías masculinas en el género, hemos pasado al uso del género femenino
en el discurso, de un carácter dualista
se pasa a uno unitario, por el que se reafirma la unidad profunda del ser
humano, de una visión idealista, se pasa
a una realista por lo que se valoriza lo histórico, lo contingente, lo
provisional, de una consideración
unidimensional se pasa a una pluralista, por lo que se consideran las
diferentes dimensiones de lo humano desde la perspectiva de su evolución
histórica influenciada por innumerables factores.
En
este contexto no se considera la persona como un ser acabado, que se puede
definir de una vez para siempre, sino como proyecto que se construye, un ser
complejo que no se agota en ninguna definición, en ninguna de sus dimensiones o
facetas, es racional, capaz de autoposesión, de autodeterminación, de imprimir
direccionalidad a la propia vida. Es esta una visión personalista, innovadora,
secular, orientada al progreso.
En
el marco de una antropología de la reciprocidad, aparece la persona
contemporáneamente como un ser “con” el otro, un ser “para” otro, un ser
“gracias” al otro. Y es aquí donde encontramos el lugar más auténtico para
fundamentar la relación educativa. La reciprocidad implica un descentrarse, un
ponerse de la parte del otro, actitud antropológica que tiene sus raíces en la
teología de la kenosis, de la Encarnación.
Las
personas, hombres y mujeres, no están
hechas para vivir aislados, solitarios, son en relación. Al formar comunidad se
supera la soledad radical del ser humano. Este se convierte en persona cuando
se trasciende a sí mismo, cuando se encuentra, como dice el filósofo católico
Gabriel Marcel, con un tú que me llama y
que al hacerme responder me ayuda a descubrir mi yo. Sólo en el amor recibido y
en el amor que se ofrece, la existencia humana se afirma y cobra sentido. Si se
vive un amor auténtico a los otros se está en el camino de la realización
personal, pues ésta pasa por el descubrimiento de la vida como don de sí en
servicio, justicia y respeto a los otros que son diferentes.
Don Bosco
Don
Bosco es un educador, no un teórico de la educación. Con fina intuición
pensaba: si los chicos encuentran un lugar, una escuela donde pasarla bien, si
hay con tacto personal y afecto, si los valores de tradición se respiran en el
ambiente, si los educadores son modelos y los chicos protagonistas… el joven
empezará a crecer desde dentro.
Él
llegó a esta certeza a través del mundo juvenil, del conocimiento profundo de
sus necesidades. Optó por los jóvenes no sólo porque eran pobres y estaban
abandonados, sino porque intuyó y valoró la riqueza de su corazón, portador de
nuevos valores.
Esos
muchachos de su oratorio no tenían un
presente distinto a la lucha por la supervivencia y esto en el más
ínfimo grado. No tenían futuro. Eran una masa anónima que vagaba por las calles
sin más pertenencia que a la calle misma.
El
Oratorio es el ambiente opuesto, sostenido por la fe de don Bosco en la
potencialidad de sus muchachos. Su bondad, su actitud paternal, su dedicación
interpelaba la identidad perdida, sacaba a flote, tímidamente su propio yo.
Allí se daba prioridad a la dimensión personal. El ambiente juvenil del
Oratorio no es una masa, sino una familia en la que cada uno es reconocido,
querido, hecho responsable. No era cuestión de disciplina sino cuestión del
corazón. Los quería libres, espontáneos, auténticos, no sometidos. Lograba
convencerlos que fueran dóciles. No le habrían dado un disgusto por todo el oro
del mundo, porque lo pedía, él y lo pedía de esa manera. Aquí cabe uno de sus
principios: Fortiter in re, suavitur in modus. (Sólido en los principios, suave
en las maneras).
El
proyecto de don Bosco utiliza la pedagogía de la motivación, de la persuasión
que con duce a la creación de convicciones de modo que el joven descubre sus
riquezas interiores y crece desde dentro.
Introyecta
la norma (que esconde el valor) porque vive experiencias positivas que le hacen
atractivo el bien, le producen sentido. Es el clima, el ambiente, la cultura
escolar la que le ofrece al joven los valores que él va asumiendo casi sin
darse cuenta.
La
visión de fe abrió a don Bosco a la esperanza, al optimismo, a la convicción de
que dios llama a cada hombre a la vida, a la felicidad aquí y más allá. De ahí
que se preocupara por crear un ambiente de alegría, de convicciones sobre la
posibilidad del éxito.
La finalidad que le legitima todo el proceso educativo es propiciar el encuentro de los jóvenes con Dios, no sólo a través de lo ritual o específicamente religioso, sino de las clases, del patio y en general de lo cotidiano de la vida. Su dios es un dios cercano, no el ser superior de los filósofos sino el Dios de la Biblia, histórico, que se hace encontrar.
La finalidad que le legitima todo el proceso educativo es propiciar el encuentro de los jóvenes con Dios, no sólo a través de lo ritual o específicamente religioso, sino de las clases, del patio y en general de lo cotidiano de la vida. Su dios es un dios cercano, no el ser superior de los filósofos sino el Dios de la Biblia, histórico, que se hace encontrar.
Educación y comunicación
Don
Bosco es un educador nato. Su sonrisa amable, su mirada escrutadora y atenta, su “palabrita al
oído” abren prontamente a la confianza. Y sin confianza no hay educación, hay
sometimiento. Según Habermas, el único poder por naturaleza no coactivo para el
hombre es el lenguaje, la palabra. Don Bosco es un ser optimista, enamorado de la vida, con fe
en los jóvenes y en su educabilidad. Le hace publicidad al bien, no acentúa el
mal, destaca las experiencias positivas, la belleza, la bondad, la honestidad,
la alegría y sobre todo lo que es rico en valores, todo lo que suscite en la
persona la voluntad de ser protagonista de su propia educación. No es coherente
con este estilo un enfoque directivo de intervención. Aquí prima el
acompañamiento, es decir, la presencia simpática del educador que es portadora
de propuestas, rica en iniciativas, también preventiva, que no olvida “el mundo
de la vida” husserliano, ni la comunidad de sentido, no sólo en el plano de los
saberes sino también en el de los sentimientos y de la relación yo-tú que hace
sentir interlocutores y por ende
responsables de la tarea personal y social.
Preventividad
Don
Bosco habla de preventividad. Y en la sociocultura actual este concepto es de
muchos, y desde los más variados frentes es invocado como camino imprescindible
para la humanización de la cultura.
Don
Bosco entiende la preventividad no sólo como impedir el mal, informar,
advertir, sino como el arte de educar en positivo, proponiendo el bien en
vivencias adecuadas y envolventes, capaces de atraer por su nobleza y
hermosura, el arte de hacer que las personas crezcan apoyándose en su libertad
interior, venciendo condicionamientos y formalismos exteriores, de modo que
caminen en la legalidad, con alegría y satisfacción hacia el bien, corrigiendo
desviaciones y preparando el mañana por medio de una sólida formación de su
carácter.
Prevenir
es anticiparse a la pobreza, a la marginación, al abuso, a la violencia y por
lo tan to es promover la vida, la
libertad, la responsabilidad, la paz. Es acentuar el protagonismo, la relación
entre regeneración de la persona y regeneración de la sociedad, entre salvación
religiosa y promoción humana. Lejos de ser un servicio asistencial y protector,
la preventividad es promoción y capacitación para ejercer las propias
responsabilidades (hoy diríamos empowerment),
un clima de valores con un enfoque ciudadano que mira al futuro de la sociedad.
Supera pues una visión de preventividad coercitiva y proteccionista.
Sor Paula Elena Quintero
viernes, 5 de abril de 2013
CULTURAS JUVENILES EN CONTEXTOS GLOBALES
Los invitamos a la lectura sobre "Las culturas juveniles en Contextos globales" del autor Pablo Zebadúa.
¿Qué elementos de juicio adquieres y cuál es tu propia lectura?
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